Yo VoY eN tReNeS nO tEnGo DoNdE iR

«Nunca imagines ser diferente de lo que a los demás pudieras parecer o hubieses parecido ser si les hubiera parecido que no fueses lo que eres».

viernes, diciembre 08, 2006

La Luna y el Sol

Hoy le busco el sentido a esta paranoia. La música suena en el fondo, la escucho, pero hoy no llega hasta mí. No entiendo como llegué hasta acá, no logro comprender el por qué de mi inseguridad. Quizás te quiera demasiado y no encuentro razonamientos lógicos a lo que estoy viviendo.
Ser de la noche, amante de la oscuridad. Mi eterna compañera es la luna. Ella, la que sabe todo de mí, la que escucha mis alegrías y tristezas, la que conoce mis lágrimas mejor que nadie. Con brillo falso me ilumina, me guía, me protege. Me sabe entera, me sabe destrozada. Se transforma, me transforma y ahora soy yo.
La racionalidad y los sentimientos se me mezclan. Ellos dos, que no saben convivir, que se contradicen en silencio, que me quitan la tranquilidad. Con el sol soy una persona, pienso, analizo, verifico y vuelvo a verificar y no puedo escapar de eso. Con la luna soy la loba hechicera que se entrega al calor, que deja por un instante de razonar y siente.
Ambos se encuentran en mí, el día y la noche habitan dentro mío todo el tiempo. Se pelean por salir. Intento mezclarlos y no puedo. ¿Cómo se fusionan el agua y el aceite? Imposible dicen, igual sigo buscando la forma.
“A mis héroes los mató una sobredosis” Me quedo con esas palabras y pienso. ¿Sobredosis de qué? A primera vista son las drogas, pero la adicción tiene tantas formas que sería imposible nombrarlas a todas en estas líneas. Sobredosis de amor, de ideas, de recuerdos, de fantasías, de coraje, de miedos y así podría seguir por horas. Todas las posibilidades tienen algo en común, son capaces de crearte y de destruirte a la vez, cada una a su manera, pero siempre el mismo principio y el mismo final.
Me voy por las ramas y sigo trepando. Ya no puedo volver a la tierra. Necesito desenredar mis ideas, pero se unen, se separan se mezclan, se contradicen, van y vienen, me siguen, me dejan, me buscan, me encuentran, me pierden y regresan al principio.
Busco el espejo de mi alma, hoy no te encuentro. Entre las nubes te escondes. Sé que estás ahí, pero no encuentro tus ojos, no encuentro mi paz. Camino por el bosque, es mío, ya no le temo, aprendí a andar por sus senderos sin perderme, sin tropezarme. Ya encontré la luz en su oscuridad. A pesar de eso hoy necesito aullarte y no estás.
El cordero ya no me asusta o tal vez ya no lo asusto a él. Creo que aprendimos a vivir en armonía, ambos sabemos que tarde o temprano nos vamos a destruir y simplemente esperamos que el otro de el primer paso. De una forma u otra nos transformaremos, todavía no sabemos cómo. Tal vez el lobo se coma al cordero y el mundo siga girando igual, tal vez el cordero destruya al lobo y se convierta en depredador, en lobo del lobo. Quizás nunca suceda y continuemos mirándonos desde lejos, con miedo a acercarnos, con miedo a la muerte, con miedo a la lucha, con miedo al porvenir.
Sigo caminando, intentando encontrarte, hoy necesito hablarte, necesito volcar mi corazón. Voy mirando al cielo, esperando las nubes continúen su camino y dejen que baje tu luz hasta mí.
Es tarde ya, en el aire siento que está por amanecer. Me desespero. Y te veo casi escondida entre las hojas del árbol más alto. Con lo que me queda de fuerza te llamo, tus ojos me responden. Ya estoy más tranquila, a pesar de que el día se acerca y por un rato voy a dejar de existir, sé que al menos seguís ahí, aliviando mí penar.
Me recuesto entre las raíces del árbol, ahora voy a descansar hasta que vuelvas. Hasta que vuelva.

Me despierto, creo que soñé, creo que siempre sueño. Intento recordar, pero solo tengo la vaga sensación de que en mi sueño no era yo. Las hendijas de la persiana dejan entrar la luz del sol. Maldición, hoy va a hacer calor, ya siento el aire, ya siento la humedad.
Intento levantarme, el cuerpo me pesa como si hubiese caminado toda la noche. Miro el reloj, todavía es temprano, doy un par de vueltas en la cama e intento volver a dormir, pero me quedo intentando recordar lo que soñé. Pasa el tiempo y sigo acá, no logro caer en la cuenta del tiempo que pasó mientras yo sólo pensaba.
Al fin logro levantarme de la cama. Pongo música, subo el volumen, abro la ducha, me desvisto y entro. El agua cae por mi cuerpo y logro sentir cada una de las gotas rodar por mi piel. Me olvido de todo por un rato y me dejo llevar. Escucho el agua, la música y los sonidos se mezclan formando una nueva canción.
El teléfono suena mientras vuelvo a vestirme, no tengo ganas de hablar, lo dejo sonar. No quiero tener que mantener una conversación insulsa sobre algo que no me interesa. Hoy no me interesa nada. Que el mundo siga girando, hoy no puedo seguirle el ritmo, hoy, el mundo no gira para mí.
Es un lindo día, seguramente las plazas estén llenas de gente sonriente tomando mate. Demasiada claridad, el cielo se volvió gris. Ese sol no es mí sol. Dónde está mi sol. Prendo un cigarrillo y salgo al patio a jugar con el perro. Ella se divierte, pero yo ya me aburrí. Hoy me gustaría que estuviera lloviendo.
Sentada espero que el tiempo pase, hoy es uno de esos días. Sólo quiero volver a dormir. Sólo quiero que sea mañana, sólo quiero verte.
Intento leer, pero no logro concentrarme lo suficiente como para saber de que está hablando el autor, se me mezclan las letras, no retengo los nombres, no sé dónde están. Inconscientemente te busco con mi mano libre y sólo acaricio el aire. Me doy cuenta y me siento tonta.
El sol está comenzando a bajar. El aire sigue igual de denso que cuando me levante. Prendo el televisor para distraerme un rato, mientras espero que el sueño se apodere de mi cuerpo, de mi mente y poder así caer una vez más en el mundo que yo inventé. Cambio de canal intentando encontrar algo que ver, pero nada me llama la atención. Pienso en poner una película, pero no tengo ganas de levantarme del sillón, no tengo ganas de elegir, creo que tampoco estoy de humor para prestarle demasiada atención. Dejo la caja boba en un canal cualquiera, es gracioso como la gente se divierte y se pelea ahí adentro para entretener a la masa. Hoy no me siento parte de ella.
Ya no entra luz por la ventana. Debería comer algo, mucho esfuerzo. Estiro la mano y agarro el atado de cigarrillos, por suerte está a mi alcance. Apago la tele y me quedo mirando la nada, escuchando el silencio mientras termino lo que queda del cigarro.
Me levanto, me lavo los dientes y vuelvo a la cama. Ya es hora de volver a soñar. Doy un par de vueltas en la cama, todavía el cansancio no me encontró. Cierro los ojos intentando dormir y no puedo. Me quedo pensando, me quedo intentando no pensar. Una y otra vez los recuerdos vuelven a mí. Entre suspiros te encuentro, te extraño, te pienso y desapareces.
Poco a poco voy ganando la batalla, ya me estoy por volver a transformar. ¿En qué ser me convertiré hoy?

domingo, noviembre 26, 2006

Diario de la locura

I: Buscando sacar la locura a la luz

2, 4, 5 almas en una habitación, el rasgido de las cuerdas y un viejo amigo del mundo perdido. El que nos une, el que nos separa de nosotros mismos, ese capaz de hacer que el mundo se detenga en un instante eterno, ese que nos permite contemplar el interior del alma.

Una a una las estrellas del cielo abierto entraron en la habitación y apagaron las luces. Hoy no encandilan, la densidad del aire les quita el brillo.

Voces, más voces. Sonidos, más sonidos. Las guitarras se afinan y comienzan a tocar. Manos, más manos, es una mano. La música sale de las cuerdas atraviesa el aire, golpea las paredes y vuelve a sonar.

El espíritu se regocija, la locura comienza a asomarse por detrás de cada uno, va ganando confianza mientras la tierra intenta a bajar su velocidad, de a poco, casi imperceptible el tiempo comienza a ceder y los minutos se vuelven eternos.

Risas, más risas. La locura ya llegó, se unió se dividió, llegó.

II: Compartiendo la locura

Contra las cuerdas empezas a desafinar canciones sin rumbo que se pierden en la luna. La luna sonríe, se siente acompañada, nos busca con su luz. Con su espíritu de eterna enamorada, busca en el sonido una nueva emoción.

Me voy, ya no estoy acá. Escucho el rugir del mar, sólo yo y la luna, no hay nadie más. Me acerco al borde del abismo, veo las olas chocar contra las piedras, el agua me salpica. Salto, la inmensidad del océano me abraza y comienzo a bajar. Cada vez más profundo cada vez más oscuridad. Una luz cegadora. Otra vez estoy en la habitación.

Alguien habla de un laberinto. David Bowie y sus esferas de cristal comienzan a girar por el lugar. Carcajadas, y se escapa por la ventana un búho.

El aire se empieza a limpiar. Las estrellas se fueron, el ruido bajó. Bajamos. Desde el subsuelo pedimos ayuda. Como siempre, él llego a liberarnos, otra vez.

III: Recuperando la locura

Un nuevo juego ligué, atravesaste mis pulmones y rodaste por mis venas, te metiste en mi cabeza, sabes todo de mí, sacas todo de mí. Me transformas. Soy el lobo, camino por mi bosque de luna eterna.

Guardián de lo que no se ve, amo de los seres que se encuentran más allá de lo que se percibe. “Hay más cosas en el cielo y la tierra de la que tu filosofía puede soñar” resuena Shakespierre en el aire. La música resurge entre juegos.

A la voz de aura…. Aura. Animales con “a” y tu cabeza empieza a pensar. Antílope…águila…anaconda…ardilla…abeja……… burro…bisonte…buitre… y sigue el juego hasta que todos pierden, alguien gana o hasta que la música vuelva a apoderarse del tiempo.

Los acordes se acomodan, suena una melodía familiar. Los ruidos comienzan a entonarse. Entre las cuerdas y los sonidos, emprende la lucha por salir a la luz una nueva canción. Irrepetible, única, improvisada sinfonía que sale del corazón, que vive en los recuerdos amnésicos de cada ser.

Es hora de partir, la locura quiere correr libre por las calles de la ciudad cuadrada y nada se lo puede impedir.

IV: Sacando a pasear a la locura

Recorremos las calles desoladas, el camino es corto pero se hace eterno. La luna nos sigue desde las alturas, nos acompaña, nos muestra el camino. Se pierde entre los árboles, se esconde en los edificios pero siempre vuelve para guiarnos.

Llegando a destino nos vamos dividiendo, cada uno va llegando a su estación. 5, 3, 2 el tren se detiene. Ya no queres caminar. Sentado en la puerta de un bar ves la gente pasar. Pensas a dónde irán, de dónde vienen, qué buscan qué sueñan y te detenes. Las lágrimas que recorren las mejillas de esa chica que se encuentra en el cordón de la vereda te llaman la atención. Está desconsolada la cara deformada de tanto llorar y pensas que sólo el amor puede lograr algo así, que sólo eso puede causar tanta angustia.

Ves como los amigos intentan consolarla y te imaginas lo que le deben estar diciendo. Prendes un cigarrillo y te distraes con el resto de la gente. Volves a mirarla y la ves irse corriendo por la calle, huyendo, intentando salir del laberinto de desolación en el que se encuentra y desaparece, sólo queda por un rato en tu cabeza y te perdes en tu mundo otra vez.

El interior del cuerpo comienza a teñirse de negro. Hay algo que desea escaparse, pero la piel no lo deja salir. Es hora de volver a casa

V: Despidiendo a la locura

Emprendemos el regreso. El cuerpo cansado y los pájaros que comienzan a entonar sus eternas canciones de amor. Las calles se hacen angostas esquivando gente hasta que ya no hay nadie, el camino se hace largo. El tiempo retoma su curso habitual, la tierra vuelve a girar y no lo sabes.

Bordeamos la plaza, seguimos caminando. La llave en la cerradura pretende abrir la puerta y lo logra. Unos pasos más y otra cerradura juega con otra llave.

Adentro el calor, el cuerpo descansa y el elixir de los dioses logra que el cuerpo recupere algo de su energía. Anotas un round de amor en donde nadie pierde. El sueño comienza a vencer y terminas en un sueño blanco.


Gracias a El Gugui del Rock o El Villa por el aporte de ideas.

lunes, noviembre 13, 2006

Un barrilete en la tempestad

Un barrilete vuela en el cielo sin dirección. Se cortó el hilo que lo sostenía a la mano de Juan. No deja de llorar. Su mamá, Susana, intenta consolarlo, pero sin éxito. En la plaza nadie se da cuenta del sufrimiento del nene que perdió su barrilete. Nadie sabe que ese juguete de papel y caña lo hizo con su papá pocos días antes de que embarcara hacia Malvinas.
El desembarco en la zona de Puerto Enriqueta, a cuatro kilómetros de la capital de las islas resultó exitoso, no hubo más que una débil resistencia por parte de los británicos. El clima no ayudaba, especialmente a los soldados como Carlos que habían sido llevados a la guerra obligados y sin ningún tipo de preparación.
El paisaje era muy distinto al de Buenos Aires. A donde mirara eran tan solo grandes extensiones de tierra. El aire que se respiraba era el de la tranquilidad que precede a la tormenta. El frío se volvía cada vez más intolerable. Algunos festejaban la recuperación de Malvinas, otros estaban tan atemorizados por lo que podría llegar a pasar después que apenas sonreían ante los gestos de victoria de sus compañeros.
Buenos Aires, mientras tanto se vestía de celeste y blanco festejando anticipadamente la victoria. Susana, le prometía a Juan, como ya lo había hecho Carlos, que su papá iba a volver pronto.
El bombardeo británico no se hizo esperar. Sobre las islas comenzó a mezclarse la sangre con la nieve tiñéndolo todo de color desesperanza.
Carlos aprovechaba la poca luz del día para escribir a su familia, quería que supieran que todavía estaba vivo, aunque se encargó de no demostrar en el papel que las posibilidades de que volviera se acortaban día a día. Su mujer y su hijo eran la única razón por la cual seguía vivo. Quería volver a Buenos Aires y llevar a Juan a remontar el barrilete de colores. Quería volver al calor de Buenos Aires, a dormir en una cama.
Las bajas de soldados argentinos eran cada vez mayores, la ilusión del primer día de recuperar las Islas Malvinas se alejaba con cada soldado caído. Ya no se podía hablar de victoria, los medios empezaron a darle cada vez menos importancia al conflicto bélico.
El hundimiento del Crucero General Belgrano causó más de 300 muertes, ayudando al empobrecimiento del ejército Argentino. Los ingleses eran más, estaban mejor preparados, tenían mejor armamento, conocían mejor el terreno. Las desventajas argentinas eran muchas, el miedo también.
Dos días después lograron el hundimiento del destructor inglés Sheffield pero solo sirvió para traer a los soldados una pequeña esperanza que rápidamente se disolvió ante la gran cantidad de soldados heridos, la falta de alimentos y el frío.
Las fuerzas británicas no cedían. Poco después del hundimiento atacaron el campamento del batallón número 3. Dejaron un saldo de 25 heridos y 12 muertos sin recibir más que 2 bajas. Entre los heridos se encontraba Carlos que recibió una herida de bala en la pierna izquierda, con tanta suerte que la atravesó sin desgarrar ningún músculo o cortar alguna arteria.
Carlos seguía esperando el final, ya casi sin fuerzas, con algunas heridas que, según el Teniente a cargo de la zona, no eran lo suficientemente graves como para que lo sacaran del campo de batalla. El único amigo que hizo estando en las islas se llamaba Alberto, pero no duró mucho. Alberto recibió un disparo en la cabeza antes de cumplirse un mes de llegados a Malvinas. Después de eso no había hecho amigos en la guerra, le resultaba difícil encariñarse con personas que aunque compartían un destino parecido al suyo, no sabía por cuanto tiempo iban a estar ahí.
La lluvia no paraba, de repente un rayo cruzó el cielo. Recordó aquel bar en donde se encontraba en el momento en que la conoció a Susana, el casamiento, el vestido blanco, el nacimiento de Juan, su primera palabra, los domingos que lo llevaba a remontar barriletes, el último barrilete, el que todavía no había llevado a remontar. Se despertó con fiebre, probablemente causa del frío y la mala alimentación. Le costó levantarse. Seguía lloviendo y el refugio que habían armado para la lluvia ya no estaba. En su Jugar había un techo gris. El lugar era cálido, había luz. Enfermeras. Estaba en la cruz roja.
La fiebre fue producto de una infección. La herida abierta y sin cuidado comenzó a formar un cuadro de gangrena en su pierna izquierda. Nada habían podido hacer los médicos.
Ya no estaba en la guerra y no tendría que volver a combatir. En poco tiempo volvería a su casa con su familia.
Los días pasaban y sin embargo no lo dejaban ir. Había algo que no estaba bien, pero nadie decía nada.
Afuera continuaba el combate. Desde donde estaba podía escuchar los aviones, los bombardeos, los tiroteos. Agradecía no tener que volver a salir.
La actividad del lugar iba en aumento, cada tanto, en la camilla de al lado tenía a una persona diferente, a todos los tenían un tiempo y los dejaban ir, pero a él no.
A principios de junio los "'Argentinos ya eran concientes de que no iban a recuperar las Islas Malvinas, la guerra la estaban perdiendo y los tratados no servían.
El 13 de junio las fuerzas británicas penetran las defensas argentinas. En Buenos Aires piden que no se rindan. En Malvinas sabían que era la única solución. El 14 del mismo mes termina la guerra con el descontento de toda la población.
Ese mismo día, en el hospital de la Cruz Roja fallece Carlos Aguilar.
En Buenos Aires, Juan se despierta con el olor a café con leche que Susana le lleva a la cama. Ella sabía que la guerra había terminado y esperaba con ansias el regreso de su esposo. Mientras desayunaba con su hijo, éste le dice que quiere ir a la plaza a remontar el barrilete. Susana le dice de esperar a Carlos, pero ante la insistencia de su primogénito decide llevarlo.
A la salida del colegio lo lleva a Plaza Miserere. El día estaba soleado y el viento acompañaba. Había poca gente. El barrilete agarró vuelo en poco tiempo, Juan corría por la plaza mientras su mamá lo miraba sentada en un banco.
Una rama corto el hilo. El barrilete se perdió en el cielo.

domingo, octubre 01, 2006

Consejos de una Oruga


La Oruga y Alicia se estuvieron mirando un rato en silencio: por fin la Oruga se sacó la pipa de la boca, y se dirigió a la niña en voz lánguida y adormilada.
--¿Quién eres tú? --dijo la Oruga.
No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación. Alicia contestó un poco intimidada:
--Apenas sé, señora, lo que soy en este momento... Sí sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces.
--¿Qué quieres decir con eso? --preguntó la Oruga con severidad--. ¡A ver si te aclaras contigo misma!
--Temo que no puedo aclarar nada connnigo misma, señora --dijo Alicia--, porque yo no soy yo misma, ya lo ve.
--No veo nada --protestó la Oruga.
--Temo que no podré explicarlo con más claridad --insistió Alicia con voz amable--, porque para empezar ni siquíera lo entiendo yo misma, y eso de cambiar tantas veces de estatura en un solo día resulta bastante desconcertante.
--No resulta nada --replicó la Oruga.
--Bueno, quizás usled no haya sentido hasta ahora nada parecido --dijo Alicia--, pero cuando se convierta en crisálida, cosa que ocurrirá cualquier día, y después en mariposa, me parece que todo le parecerá un poco raro, ¿no cree?
--Ni pizca --declaró la Oruga.
--Bueno, quizá los sentimientos de usted sean distintos a los míos, porque le aseguro que a mi me parecería muy raro.
--¡A ti! --dijo la Oruga con desprecio--. ¿Quién eres tú?
Con lo cual volvían al principio de la conversación. Alicia empezaba a sentirse molesta con la Oruga, por esas observaciones tan secas y cortantes, de modo que se puso tiesa como un rábano y le dijo con severidad:
--Me parece que es usted la que debería decirme primero quién es.
--¿Por qué? --inquirió la Oruga.
Era otra pregunta difícil, y como a Alicia no se le acurrió ninguna respuesta convincente y como la Oruga parecia seguir en un estado de ánimo de lo más antipático, la niña dio media vuelta para marcharse.
--¡Ven aquí! --la llamó la Oruga a sus espaldas--. ¡Tengo algo importante que decirte!
Estas palabras sonaban prometedoras, y Alicia dio otra media vuelta y volvió atrás.
--¡Vigila este mal genio! --sentenció la Oruga.
--¿Es eso todo? --preguntó Alicia, tragándose la rabia lo mejor que pudo.
--No --dijo la Oruga.
Alicia decidió que sería mejor esperar, ya que no tenía otra cosa que hacer, y ver si la Oruga decía por fin algo que mereciera la pena. Durante unos minutos la Oruga siguió fumando sin decir palabra, pero después abrió los brazos, volvió a sacarse la pipa de la boca y dijo:
--Así que tú crees haber cambiado, ¿no?
--Mucho me temo que si, señora. No me acuerdo de cosas que antes sabía muy bien, y no pasan diez minutos sin que cambie de tamaño...


Lewis Carroll

Hoy no sé quien soy.

miércoles, agosto 23, 2006

Polvo negro instamatic

Ahora, cuando nos patrullás con tu mirada parecemos los limones más agrios de la frutera, no podés creer que fuimos sus únicos amores.
No te es fácil imaginar a esa hija del rock 'n roll en este club hiriente del centro, entre botellazos.
Pero el invierno fue muy frío para el amor y para los enamorados.
No es fácil imaginarla en este caos infantil pero el invierno fue helado para la esperanza, helado desde siempre.
Sí, hay una piba hermosa que nadie besa tirada en la plancha de la morgue

Indio Solari

miércoles, agosto 09, 2006

Planet Telex

La traducción no es de lo mejor pero más o menos es la idea de lo que dice.

Planet Telex (Radiohead)

You can force it but it will not come
You can taste it but it will not form
You can crush it but it's always here
You can crush it but it's always near
Chasing you home saying
Everything is broken
Everyone is broken

You can force it but it will stay stung
You can crush it as dry as a bone
You can walk it home straight from school
You can kiss it, you can break all the rules
But still...
Everything is broken
Everyone is broken

Everyone is, everyone is broken
Everyone is, everything is broken

Why can't you forget?
Why can't you forget?
Why can't you forget?

Planet Telex

Puedes forzarlo pero no vendrá
Puedes probarlo pero no va a formarse
Puedes aplastarlo pero siempre esta acá
Puedes aplastarlo pero siempre esta cerca
Persiguiéndote a casa diciendo
Todo está roto
Todos están rotos

Puedes forzarlo pero seguirá molestando
Puedes dejarlo tan seco como un hueso
Puedes caminarlo a casa directamente desde la escuela
Puedes besarlo, puedes romper todas las reglas
Pero igual…
Todo está roto
Todos están rotos

Todos están, todos están rotos
Todos están, todo está roto

¿Por qué no puedes olvidar?
¿Por qué no puedes olvidar?
¿Por qué no puedes olvidar?

martes, agosto 08, 2006

Fake plastic life

Todos dicen esperá.
Todos dicen mañana.
Pero... ¿cuánto esperar?
¿Días, meses, años, la eternidad? ¿cuánto?
Y mañana, ¿cuándo es mañana?
Cómo esperar a mañana si siempre vivo en el hoy.
Mañana es hoy y no es mañana.
Mañana no llega y es igual que hoy, porque todos los días son iguales. Todos los días son soledad.
Hoy es igual a ayer y es igual a mañana.
Hoy es igual a siempre.